Cascas, una aventura más allá de la uva

Publicado: 02 de Setiembre 2016

A continucación, un tours express por este pueblo que guarda singulares sitios turísticos. ¡Chapa tu mochila y acompáñanos!

 

A nos cuantos minutos antes de pisar suelo, los parajes que se dibujan por la ventana del bus revelan el encanto del lugar al que estamos llegando. Estamos cerca, ingresando a Cascas, ciudad que silenciosa y erguida irrumpe en la carretera para recibir a los viajeros con los brazos abiertos.  Un sol mañanero que ilumina calles y tejados, un aire puro y limpio que refresca el rostro, y frondosas parcelas donde crece imponente el fruto emblema del lugar, nos dan la bienvenida.  

Esa mistura de sensaciones resume al pueblo de Cascas, la tierra que tiene un clima privilegiado durante todo el año y lleva con orgullo el título de ser la única en el norte peruano donde se produce preciados vinos y singulares destilados.  Pero este pueblo, capital de la provincia de Gran Chimú,  y al que se puede llegar en solo hora y media en carretera desde Trujillo, tiene más que uvas en sus entrañas. Guarda diversos parajes y lugares turísticos que la han convertido en importante referente turístico de la región.

Faltan poco para las diez de la mañana y el día es perfecto: no hace frio, la vista está despejada y, desde arriba, un cielo celeste deja ver los inmensos algodones blancos que acarician la cima de los apus, esos que cuidan celosos la ciudad. Qué más se puede pedir para perderse por esas callecitas angostas –y otras empinadas- que nacen en la plaza de armas y terminan unas cuadras má alla, en las afueras de la ciudad.

A estas horas, las calles están tranquilas, silenciosas y misteriosas. En la plaza de armas solo algunos peatones y mototaxis entran en escena cada cierto momento. Aquí uno puedo relajar la vista visitando la iglesia Matriz, edificada sobre un recinto prehispánico, y donde se venera a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá. En esta parte de Cascas, todo está cerca, sus calles son pequeñas y conectan entre sí algunos comercios, instituciones, agencias de viaje, bodegas, entre otros lugares que evidencian el timido crecimiento de la ciudad, pero el mismo que tiene una historia tan añeja como los vinos que produce. 

"El día es perfecto: no hace frio, un airesito caliente se esparce por las calles, y desde arriba, el cielo celeste deja ver los inmensos algodones blancos que acarician la cima de los apus que cuidan la ciudad"

¡A vivir la aventura!
Dejando la plaza y las callecitas atrás, un taxi nos lleva hacia la aventura. Siguiendo la carretera que conduce al caserío El Platanar, a solo diez minutos, se impone en la cima, sobresaliente entre el manto rocoso y la vegetación que cubre el cerro, lo que los citadinos han denominado “Cristo de las Rocas”, una inmensa formación rocosa elaborada como si alguien hubiera tallado, a 100 metros de altura,  el perfil del rostro de Jesucristo crucificado.
 
Para ver con mayor detalle, hay que subir con cuidado y haciendo pausas una empinada escalera de piedra,  como si siguieras la ruta al cielo. Son casi 20 metros de altura hasta llegar  a un pequeño mirador, desde donde se puede avizorar claramente el perfil de Jesús mirando al cielo, llevando la corona de espinas y reflejando aquella escena donde pronuncia sus últimas palabras.
 
Más allá, a unos minutos, volteando la carretera, se alza a un costado de la vía quizá la mayor sorpresa de la zona. Lo llaman el “Árbol de las mil raíces”, majestuosa plantación de cuyos troncos se desprende una maraña de raíces, de diferentes tamaños, grosores y formas, y que flotan en el aire haciendo la idea de una pintura abstracta plasmada sobre inmensas rocas.
 
Según información de la Municipalidad de Cascas, el cuidado del árbol, acaso el más famoso de la región, y la posibilidad de que hoy esté en el inventario turístico de Cascas, se le atribuye al señor Guillermo Iglesias Cabanillas, quien en vida cuidó y adecuó el lugar para que pueda ser apreciado por propios y extraños ya que se ubican en los terrenos de su propiedad.
 

"Cascas tiene un fuerte auge en la producción de uva, actividad que desarrollan desde hace más de 40 años en más de 20 mil hectáreas"

A la una de la tarde el hambre apremia. Y para no jugar con el estómago, hay que recorrer solo 10 minutos, siguiendo esta carretera que llega hasta el pueblo de Contumaza, en Cajamarca, para hacer un alto en la Piscigranja Corlas, centro recreacional que tiene un criadero de truchas y uno puede comer este especie marina bien frita, o si se prefiere, en ceviche, sentado al aire libre disfrutando el inmenso paisaje, o en todo caso reposando al costado del río que cruza por el lugar.
 
Luego empansarnos con la generosa trucha frita y de reposar tirados al aire, se hace necesario conocer parte ese verdor que inunda Cascas. Caminar libre por algunos senderos cerca  nos  alegra los pulmones y nos llena de energías, aun cuando paresca lo contrario. Sin embargo, los visitantes más extremos, pueden ir hasta el Bosque de Cachil, un lugar lleno de plantas domésticas y silvestres, ideal para caminar y recorrer en grupo, . Según información turística, este bosque tiene alrededor de 100 hectáreas, pero dicen que toda su extensión no ha sido recorrida.
Un chapuzón en el río
La tarde avanza pero el sol aún se muestra firme, por lo que se puede sacar más provecho al día. Regresando al pueblo, cruzando unas cuantas calles, se encuentra un mirador desde donde se observa el paisaje productor de la zona. Y es desde ahí, desde donde desciende un camino angosto y cubierto de plantaciones, de aproximadamente 50 metros, que permiten llegar hasta a un riachuelo de aguas limpias y cristalinas, donde las familias pasan la tarde, despreocupadas  y alegres bañándose en este arroyo que sirve además para llevar prosperidad a los campos agrícolas.
 
Como en la mayoría de ríos, que nacen en las heladas alturas del ande,  el agua es fría y dulce. Pero el paisaje es más dulce aún: plantaciones de uva crecen a los costados y algunas vacas y toros se pasean por los terrenos cercanos. Cubierto de piedras, la naturaleza ha formado positas donde uno puede relajarse y disfrutar de hidromasajes naturales, con agua que corre y corre sin parar.
Por la ruta del vino:
Las nubes han dado paso a trazos naranajas en el cielo y las primeras luminarias empiezan a emanar sus puntos de luz por las calles. A paso rápido, y para no cometer el pecado de visitar el paraiso de la uva y no degustar las variedades de vino, uno baja la plaza de armas y puede recorrer algunas bodegas, entre ellas Don Manuelito, donde los tintos se dejan saborear y uno puede endulzar el alma en esta tierra de licores artesanales.
 
Y es que Cascas tiene un impresionante auge en la producción de uva, actividad que desarrollan desde hace más de 40 años en aproximadamente  en más de 20 mil hectáreas. Y ello, cada vez más, le permite tener una creciente participación en el mercado de vinos y piscos, haciéndole la competencia a reconocidas marcas nacionales e internacionales.
Va cayendo la tarde y el cielo es una pintura. Está lleno de figuras de colores naranja, amarillos y grises, lo que indica que llegó la hora de partir luego de haber realizado este tours express de un día. Apresurados, porque el último bus de regresó sale a las 6 de la tarde, cruzamos por última vez esas callecitas llenas de casas con altos tejados y balcones. A esta hora, hay más gente: niños y niñas juegan saltan y rayuelo en la acera, otro grupo tras una pelota y algunas familias pasan el tiempo sentados, conversado  afuera de sus casas. 
 
El bus avanza y deja atrás el pueblo. Por la ventana, las sombras se imponen a los trazos naranjas y amarillos y al verde de la vegetación. El bus luce lleno, visitantes y citadinos se mezclan en esta unidad, unos cansados y relajados, otros alegres y sonrientes, dejando caer sus miradas mientras el bus sigue el horizonte y se pierde en la oscuridad de la carretera.  
El dato:

El año pasado, el Mincetur lanzó como nuevo destino turístico la ciudad de Cascas en La Libertad. Aquí el video:

 
 

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