La otra cara de nuestro crecimiento económico

Publicado: 08 de Setiembre 2016

Sacándole la vuelta a nuestro progreso económico, una sombra gana terreno en diversos sectores productivos. Se trata de la informalidad, el lado oscuro que esconden las cifras de crecimiento y que hoy afecta a millones de peruanos. ¿Cuál es su impacto y consecuencias? ¿Qué nos falta hacer como país para revertir esta realidad? Aquí, un amplio reportaje que incluye una radiografía de La Libertad y algunas propuestas que pueden ayudar en la lucha contra este flagelo.

La informalidad en el Perú es una realidad que vive y, literalmente, reina en algunos sectores productivos. Y La Libertad, con exportaciones que conquistan mercados gringos, europeos y chinos; edificios que se alzan al cielo o inversiones que aumentan su auge; no es ajena a esta situación. Mientras su economía seguía adelante en los últimos años; al margen, la informalidad ganó terreno, es una sombra que asusta.

Así, en este contexto, un ejemplo claro es lo que sucede con el empleo, donde las cifras no son para celebrar. Lo confirma un informe publicado recientemente por el Centro de Investigación Empresarial (CIE) de Perucámaras, al revelar que la informalidad laboral en nuestra región pasó de 74.8% en el 2014 a 77% en el 2015.  Como para no creer, quizá una paradoja de la economía: cifras en azul se pintan en La Libertad, aunque del otro lado, la informalidad mancha sus resultados.

Pero, ¿cómo se traduce este alto porcentaje? Significa que quienes pertenecen a esta fuerza laboral no tienen condiciones dignas contratación, en otras palabras, no gozan o tienen “bloqueados” ciertos derechos y beneficios como gratificaciones, Compensación por Tiempo de Servicio (CTS), protección social, entre otros servicios que el Estado ofrece.

Y si bien este problema es la otra cara de nuestra región, hay algo peor. Es la otra cara del Perú.  Somos el país de las maravillas pero también de reino de la informalidad, que alcanza el 73.2% según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Una preocupante realidad que activó las alarmas del nuevo Gobierno, que acaba de lanzar varias medidas para lograr que el 60% de los trabajadores peruanos pasen a la formalidad en los próximos cinco años.

Con las cifras en contra, queda claro que la informalidad en el país se convirtió en el principal camino, en un círculo vicioso donde están sumergidas empresas y trabajadores, y  que si bien está en juego el tema laboral, va más allá: se suman aspectos tributarios y legales. Y lo grave es que aumentó el 2015, lo que demuestra que los esfuerzos no han sido suficientes para dejar de ser uno de los países más informales del mundo.   

Radiografía regional                                                              

La Libertad, región “estrella de la macronorte”, se ve opacada por una dura realidad. El estudio precisa que solo 23% de su Población Económicamente Activa (PEA) ocupada está del lado formal. Osea, 3 de cada 10 trabajadores. En tanto, los 7 restantes no tienen beneficios laborales y lo que es peor, no tienen acceso a servicios del Estado y gran parte recibe un salario precario, por debajo del mínimo vital.  

En efecto, quienes laboran en empresas que le sacan la vuelta al Estado, aparte de tener restringidos estos beneficios y deficientes condiciones labores, el sueldo que reciben agrava su situación, y más en los que tienen menores estudios. Perucámaras señala que existe una brecha salarial de 1,300 soles. Así, las personas que trabajan en empleos formales ganan en promedio S/ 2,101 y aquellas que están en situación de informalidad S/ 799. Sin duda, dos mundos diferentes.  

A diferencia de empresas grandes, donde la informalidad es mínima, ésta tiene mayor presencia en actividades agropecuarias, pesqueras, servicios independientes no profesionales y las microempresas. Estas últimas, consideradas el motor de la economía, aunque gran parte apele a argucias para sacarle la vuelta a las normas legales, laborales y tributarias, que sienten no les favorece.

Por ejemplo, el sector calzado, que alberga a muchas micro y pequeñas empresas fabricantes de este producto bandera de la región, y que distribuyen a nivel nacional y hasta exportan; es uno de ellos. La Gerencia Regional de Comercio Exterior y Turismo informó que el 70% de productores de calzado de La Libertad son informales. 

Lo que sucede en La Libertad es solo parte de ese manto negro que también cubre en gran parte el norte del país. El informe advierte que el 81.2% de los trabajadores de la Macro Región Norte labora en la informalidad. Sí, ha leído bien, solo un poco más del 17% está en el lado formal. En números: más de 2 millones de personas están fuera de este sector, cifra que creció en 0.4% en comparación al 2014.

La ruta de la informalidad: cómo nace 

En un contexto donde la vía formal implica cumplir con una serie de requisitos y normas, y si éstas son vistas como "gastos" o medios opresivos por empresarios o por quienes se inician en la travesía empresarial, surge la informalidad. Así de simple, si los costos son mayores a los beneficios, se opta por la vía más fácil, aun cuando eso signifique evadir obligaciones y atentar contra ciertos derechos laborales. 

Desde la óptica de Jorge Yamamoto, catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el camino a la informalidad se desarrolla cuando existen trabas para optar por la vía formal. “Cuando hay una armonía entre la necesidad y el sistema formal, la formalidad fluye. Pero la informalidad empieza a desarrollarse cuando hay un desbalance entre lo que realmente funciona y lo que el sistema oficial propone”, dijo en un portal web.

El problema seguirá mientras más trabas encuentren, mientras se enfrenten a un marco normativo que, en su visión, no les beneficia. Esto, sin duda, le resta competitividad al país. Ha quedado claro en el estudio de Global Competitiveness Report 2015 -2016 que presentó el Instituto Peruano de Economía (IPE), al indicar que los principales factores problemáticos para hacer negocios en el Perú  son la Burocracia y la Regulación Laboral Restrictiva (ver infografía).

Y hay que tener en cuenta que no solo se trata de ingresar a la formalidad –que implica de por si afrontar procesos complejos, costosos y requisitos estrictos-  sino también el esfuerzo de permanecer en ella, lo que se traduce en pago de impuestos, cumplir con normas, beneficios sociales, que incrementan los costos de producción. 

Consecuencias e impactos en la economía

El fenómeno informal es complicado, afecta a todas las actividades económicas, en unas más que otras. Además de crear empleo precario, termina por reducir la productividad de las empresas y la capacidad de inversión del Estado en desarrollo, en infraestructura pública, ya que es un sector que no contribuye lo que debería.

En general, como ya lo ha manifestado el presidente Pedro Pablo Kuczynski, alimenta un espiral de baja producción y pobreza, y  aumenta actividades de subsistencia que no genera un valor adecuado al país,  por lo que frena su desarrollo económico y social. 

Incrementar la productividad, el gran reto:

Si bien más del 70% de la PEA ocupada está en el sector informal; es menos productiva en comparación con el sector formal. Según el INEI, su producción representa menos de la quinta parte del PBI (19%). Un dolor de cabeza, considerando que es un sector donde el porcentaje triplica al sector formal, aunque claro está, es donde se juega un partido en otras condiciones laborales.

Así las cosas, ¿cuál es la fórmula para aumentar la productividad? Según Perucámaras, hay que apostar por la educación de calidad de la fuerza laboral. Precisó que cuando se apuesta por la capacitación de los trabajadores, se puede aumentar la productividad. Sin duda, un gran reto si consideremos que, según la Encuesta de Empresas del Banco Mundial, casi el 40% de la fuerza laboral peruana está inadecuadamente capacitada.  

Lo cierto es que la baja productividad nos ha pasado la factura. El estudio de Global Competitiveness Report 2015 -2016 detalla que el Perú se ubica en el puesto 64 en el pilar de Eficiencia del Mercado Laboral, de un total de 140 países. En comparación al 2011-2012, retrocedimos 21 casilleros, ya que figurábamos en el puesto 43. 

Formalizar para crecer

Ante este panorama, visto lo complejo de la informalidad, lo primero que debemos tener en cuenta es que si bien la formalización del país es una medida urgente, debe tener un enfoque multidimensional. Como coinciden muchos especialistas, una tarea titánica pero indispensable para mejorar el empleo y asegurar el futuro de nuestra economía. 

No solo se trata de generar más puestos de trabajo, hay que asegurar la calidad de los mismos. En esta línea, el presidente de la Confiep, Martín Pérez, fue claro en su discurso en el Foro Diálogos para el Desarrollo. “Es necesario una legislación laboral que busque un equilibrio entre la protección de derechos de los trabajadores, el desarrollo del país y la sostenibilidad de las empresas para generar puestos de trabajo formales y productivos”, dijo.

El Instituto Peruano de Economía, recomienda que para revertir esta situación, hay que mejorar en tres pilares que son informalidad, rigidez laboral y productividad. Para el primero, “se deben cambiar los actuales incentivos a que las empresas se mantengan pequeñas por unos que las incentiven a crecer, lo que aumentará la productividad de las mismas”, dice.

Y un foco importante son las empresas más pequeñas, ya que según un estudio del Banco Mundial (2012) los costos de ser formal representan más del 10% de las ventas para las Mypes (las más informales). Precisa que se debe simplificar procesos de pago de tributos, hacer las sanciones menos punitivas, desarrollar políticas orientadas a ellas. Aquí, además, es necesario que la Sunat se convierta en una entidad tributaria facilitadora y no solo recaudadora.

En cuanto a la productividad, indica que la única forma de salir de la pobreza es incrementando la productividad laboral. “Una buena parte de este esfuerzo se debe dedicar a la productividad del agro a través de iniciativas como programas de semillas certificadas, riego tecnificado, cambios de cultivo, asistencia técnica y acceso a infraestructura de calidad”, dice. De igual forma con las empresas pequeñas, visto su baja productividad. A ello debemos sumar el tema educativo,  incrementando el número de alumnos en programas de capacitación técnica.

En cuanto rigidez laboral, el IPE señala que las “regulaciones laborales actuales están orientadas a  las actividades económicas de grandes empresas operando en el siglo pasado, y que en la práctica no atañen al 75% de los trabajadores”.  Lo que recomienda es ajustar las políticas laborales a la realidad del país, que estén dirigidas a las empresas pequeñas.

Y algo que no debemos olvidar es que los esfuerzos por formalizar la economía no deberían ser solo del Gobierno. El sector privado también debe jugar este partido. ¿Cómo puede aportar? Claro está, por mejorar la capacitación y la productividad, pero quizá también aposando por el efecto cadena, en el que las grandes empresas ayuden a las pequeñas a formalizarse. Convertirlos en proveedores, exigiendo que su personal esté en planilla, que cumplan con sus tributos, con la normativa vigente; puede sumar algunos puntos.  

No obstante, ha sido un gol desde el arranque del partido tener la voluntad de un Gobierno con disposición proformalizadora, y sobre todo, que se haya trazado como meta aumentar la formalidad al 60%. Sin duda, un acierto haberse planteado este tema como política prioritaria y que esté siendo liderada por el mismo jefe de Estado.

Crecer entonces se hace necesario, de lo contrario, el riesgo es que la formalización retroceda; mientras que la informalidad, enquistada en diversos sectores, siga en aumento y se convierta en tierra de nadie e incontrolable.

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